Aprender a subrayar

El subrayado es una de las herramientas más útiles que podemos usar para ayudarnos a estudiar y a comprender lo que leemos. Unas sencillas técnicas nos ahorrarán mucho tiempo de desgastar los codos frente al libro.

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Síndrome del Coloreador Imparable (o SCI)

Este peculiar síndrome, que a todos nos ha atacado alguna vez, consiste en que la mano se te agarrota alrededor de un rotulador fosforito y de pronto, todo lo que lees te parece tan importante que no puedes dejar de marcarlo hasta que el libro de texto se parece a los chalecos reflectantes que se llevan en los coches y no hay manera de volver a mirarlo sin ponerse unas gafas de sol.  Estudios recientes han demostrado, además, que esta cruel afección se acentúa terriblemente cuanto menos tiempo tenemos para preparar el examen y que, en los casos más graves, los estudiantes llegan a la prueba todavía aferrando su rotulador y han comenzado a subrayar a otros compañeros e incluso a sus profesores.

Pero tranquilo todo el mundo, si no queremos que el SCI nos afecte, solo tenemos que seguir unos sencillos pasos y subrayar será pan comido.

¿Para qué sirve?

Sobre todo, aprender a subrayar, ayuda a la concentración, a la comprensión lectora y a estimular la memoria. Al obligarnos a buscar las ideas importantes en el texto, nos distraemos menos y prestamos más atención a lo que estamos leyendo, además de retenerlo mucho más rápido.

También ahorra un montón de tiempo a los repasos porque ya tendremos marcado aquello en lo que deberemos fijarnos.

Y es un gran ejercicio de síntesis que nos permitirá hacer buenos esquemas y resúmenes.

¿Cómo se hace?

Aunque nos dé pereza, la primera parte consiste solo en leer. Debemos hacer una primera lectura concentrándonos en encontrar las partes más importantes del texto. Luego hay que respirar hondo, coger el subrayador, volverlo a soltar y volverlo a coger para asegurarnos que el SCI no nos está poseyendo. Solo entonces comenzaremos a marcar lo más importante.

¿Y qué es lo más importante de un texto?

Bien, aquí está el truco definitivo: hay que preguntarse ¿quién?, ¿qué?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿a quién? ¿cómo?, ¿por qué?, ¿para qué?, etc. Debemos subrayar solo aquellas partes del texto que nos contesten a estas preguntas y a otras que podamos formular dependiendo del tema que estudiemos. No más. Nada de «Voy a marcar esto por si acaso…», y ni se nos ocurra eso de «¿Y si todavía no está suficientemente amarillo?». Cuando terminemos y volvamos a leer, si lo hemos hecho bien, comprenderemos perfectamente todo lo que era necesario destacar.

Dejémonos de rayas

Es bueno que diferenciemos las ideas principales de las secundarias, por lo que en nuestro subrayado también deben distinguirse. Si ponemos a todo las mismas líneas debajo de las palabras, en el mismo color y de la misma forma, cuando tiempo después repasemos esa lectura, no encontraremos esa diferencia. Podemos hacer círculos alrededor de las palabras clave, marcar en colores diferentes lo principal de lo secundario, hacer líneas punteadas, flechas, etc. Cuanto más visual sea, siempre que sigamos un patrón coherente, más fácil nos resultará encontrar lo que buscamos en el texto.

Libros, apuntes e Internet

No hay que limitarse a subrayar los libros. Si tenemos unos buenos apuntes van a ser una herramienta superútil para encontrar lo que el profesor ha señalado como importante y las ideas que ha querido trasmitir en clase. También hay que tener en cuenta que si nos encontramos con un texto especialmente difícil, tenemos a un clic toda la Red dispuesta a informarnos, con lo que solo hay que agarrar el ratón (con cuidado de que no se nos quede pegado, que ese es otro síndrome muy común) y buscar otras lecturas sobre el tema que nos puedan facilitar su comprensión o ampliar la información para dejar al profesor patidifuso con nuestro examen.

La práctica hace la perfección

Pues eso, que si a la primera no sale muy allá, no hay que desesperar. A la segunda saldrá mejor y a la tercera seremos los amos del subrayado. Uno no nace con un rotu bajo el brazo, así que, como todo, esto también se aprende. Y si no hay manera y seguimos subrayando hasta el pupitre, dicen que hay una clínica en Massachusetts en la que ya han creado unos fármacos buenísimos contra el SCI…

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