5 consejos para que un docente sea un buen comunicador

[…] un entorno que contenga principalmente estímulos predecibles o repetidos, como el caso de algunas aulas, provoca un descenso en el interés del cerebro por el mundo externo y que se vuelque hacia dentro para buscar nuevas sensaciones.” David A. Sousa: Neurociencia educativa. Mente, cerebro y educación. Madrid, Narcea, 2014.

Tradicionalmente las aulas de las escuelas se han diseñado más para favorecer la disciplina que el aprendizaje. Siguiendo los principios del Panóptico de Bentham, en las aulas todo quedaba bajo la permanente mirada inquisitiva y controladora del docente. Hace algunos años solo se movía el mobiliario de las clases para evitar que los alumnos copiaran durante los exámenes. ¡Qué barbaridad!

Esta disposición de las aulas, a modo de auditorio, también posibilitaba que los profesores se limitaran a hablar ante su “público” mientras que este tomaba apuntes de todo lo que decía o de lo que eran capaces de intuir que era importante. El docente era un conferenciante incontinente y el alumno un receptor pasivo de su sabiduría.

Es cierto que un profesor es, en realidad, un comunicador. Un docente transmite constantemente a sus alumnos ideas, opiniones, consejos, experiencias, valoraciones… pero, lo que es realmente importante es cómo transmite esa información y, a su vez, cómo la procesa el alumno.

Para que el mensaje del docente llegue de manera efectiva a sus alumnos debe cumplir algunos requisitos. Estas son algunas de las características que, a mi juicio, debe tener toda interacción entre profesores y estudiantes:

1. ¡Sorpréndeles! Saber de antemano lo que va a pasar en clase es muy poco motivante y excesivamente aburrido. Para que los alumnos estén receptivos debemos despertar su interés, mantenerlos siempre atentos. La sorpresa, lo inesperado, tiene un alto valor didáctico.

2. Empatiza con ellos. Ponte en su lugar, adapta lo que haces en función de lo que ellos te transmitan. En otras palabras, “lee” la clase, evalúa constantemente si lo que estás haciendo cumple con su objetivo… y si no lo cumple, ten la capacidad de proponer algo distinto. Los alumnos no deben adaptarse a ti, sino tú a ellos.

3. No les aburras. Sé creativo, rompe con la rutina, sonríe, emociónales… No se trata de convertir las clases en un espectáculo de humor o de teatro, sino de no permitir que la rutina y el desencanto se apoderen de tus alumnos.

4. Rétales. No pretendas darles todo hecho. Lánzales retos, deja que ellos también sean creadores activos de contenidos. Provócales, posibilita que se despierte su curiosidad y utilízala para que su aprendizaje sea significativo.

5. Escúchales. Para poder hacer todo lo dicho anteriormente, es necesario que escuches a tus alumnos, que les des voz, que tengan una parte de responsabilidad en su aprendizaje. Escúchales de forma activa, que ellos perciban que sus opiniones y peticiones tienen incidencia en las clases.

Un consejo extra: utiliza todos los medios que estén a tu alcance para comunicarte con tus alumnos. Los vídeos, los videojuegos, las redes sociales son herramientas imprescindibles para conseguirlo y, por supuesto, no tengas miedo en transformar la estructura de tu aula cada vez que lo consideres necesario.

 

Fuente: El Blog de Salvaroj

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